martes, 9 de noviembre de 2010

[aequus] AMAMANTAR: Dar vida u obscenidad?

 

Amamantar: ¿Dar vida u obscenidad? 

Toda cultura tiene expresiones maravillosas que ha ido cultivando a través del tiempo hasta hacerse una característica indeleble en de pueblo. Todas esas expresiones nacen del espíritu humano, inspirado por el propio ser, por lo que lo rodea, o por su historia. Cada pueblo en el mundo entero embellece con su cultura y costumbres el mosaico multicolor y multiforme del concierto universal de los pueblos. El racismo, no es otra cosa que una ceguera espiritual, selectiva y caprichosa que no permite al xenófobo disfrutar de otras expresiones que no sean las propias.

Pero, no todo lo que un pueblo acostumbra a practicar es necesariamente bueno. Hay muchos ejemplos en la historia de los que nos horrorizamos y sin embargo era parte de una cultura. Por ejemplo, los sacrificios humanos, aunque más de un antropólogo podrían justificarlo. Pero, mire por donde se mire, nadie, por ninguna razón, tiene derecho a quitarle la vida a nadie y hoy sería culturalmente inaceptable. Otro ejemplo horroroso es la castración de niños para mantener su hermosa voz por el resto de sus vidas. No creo que haya un solo ser humano en su juicio cabal que justifique dicho acto. Todavía existen pueblos en los que niñas apenas núbiles son casadas con varones de sesenta o más años. Dentro de esa cultura nadie critica ese acto; pero en occidente lo vemos con horror.

Una de las expresiones más hermosas de la humanidad es ver a una madre amamantar a su bebé, y creo que esta noble acción se extiende a todo el reino animal. Los cuadros más hermosos de la pintura renacentista son precisamente pinturas de la Madona amamantando al niño Dios. Hasta muy entrado el siglo XX el amamantamiento era visto como una cosa muy natural en occidente. Yo crecí viendo amamantar a mujeres de toda clase y condición sin ningún prejuicio ni restricción. Pero, de repente, sin que nadie se diera cuenta, se convirtió en una obscenidad que había que hacerlo en privado para que nadie lo viera. En casos extremos, ni siquiera a los y las hermanitas del bebé se les permite presenciar dicho acto. Eso me parece un horror; eso me parece contra natura.

No estoy en contra del pudor femenino, especialmente hoy en día en que el cuerpo de la mujer se ha convertido en carne de mercado. Estoy en contra de la hipocresía y de lo que se esconde detrás de ella. La manipulación en este sentido ha ido tan a fondo que hoy por hoy, en los Estados Unidos de Norte América, amamantar en público es una obscenidad punible.

El caso concreto que me inspira este escrito es el siguiente: Hace unas semanas atrás, una madre latina fue sacada de uno de los restaurantes de comida chatarra—esa comida basura que por ignorancia supina o por ociosidad la gente sigue consumiendo—por estar amamantando a su bebé en un lugar público. Algunos pensaran que la madre estaba con los pechos descubiertos. Pero no, la madre se cubría los pechos y a su bebé con un pañal y no se le veía nada. Para el administrador del restaurante eso era una obscenidad intolerable. Y le pidió a la señora que se retirara de la tienda porque la única forma aceptable de alimentar a un bebe en ese lugar era con biberón, es decir artificialmente—contra natura—como la mismísima comida que ellos venden—¿se han puesto a pensar en que parte del cuerpo tienen las gallinas o los gallos los nuggets (chicken nuggets) que ellos venden?

La realidad de fondo es otra. Esta costumbre que hoy es parte de la cultura norteamericana se genera, manipuladoramente, desde que se inventan las fórmulas para alimentar artificialmente a los bebés. Esta costumbre, hoy cultural, se incuba en el consumismo que obliga por desinformación y por estupidez—la mejor aliada del consumismo—a adoptar costumbres totalmente ajenas a la naturaleza humana; a tal punto que hasta se llegó a pensar, y por mucho tiempo, que la mejor forma de alimentar a un bebé eran con las formulas artificiales y no con la leche materna, que con sin igual sabiduría y con insuperables resultados nos dio la Madre Naturaleza, que para mí no es otra cosa que una expresión de la feminidad de Dios.

Qué lástima para mí que a mi padre no se le ocurriera tomar una fotografía de mi madre mientras me amamantaba. Sería una de las fotos más dulces y hermosas de mamá y yo.  

Paz.

Pablo B. Espinoza  

      

    


 

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