miércoles, 10 de junio de 2009

[aequus] Algunos comentarios



 

Sres. de la Organización Aequus:

En las últimas semanas he recibido una constante publicidad de una marcha por la igualdad religiosa promovida por un sector de las iglesias evangélico-carismáticas. Entiendo que han reformulado la idea inicial de la marcha por una jornada de oración. Ante tanta y tan entusiasta información, quisiera que ustedes recibieran los siguientes comentarios personales.

1.       La equidad es más adecuada que la igualdad. El valor ciudadano que los organizadores de marcha señalan es la "igualdad". Ciertamente este valor ha sido el objetivo de muchas luchas sociales en la Historia. Pero, tengo mis dudas si es un principio válido para la situación de los evangélico-pentecostales en el Perú. La igualdad es un principio que nos remite a cierta base común de derechos y responsabilidades que los integrantes de una sociedad comparten. Sin embargo, en tanto objetivo político, la igualdad es una aspiración que deja de lado un aspecto clave de la convivencia social: la diferencia. En ese sentido, la idea de ser "iguales" puede ser muy simpática para quienes gustan de una concepción homogeneizadora de la sociedad. En cambio, para quienes creemos en una sociedad democrática, plural y tolerante, el concepto de "equidad" es mucho más apropiado, pues implica la aspiración a un trato justo o "igual" pero a partir del reconocimiento de las diferencias. El objetivo de la equidad implica la búsqueda de un trato equitativo y justo, sin privilegios ni exclusiones, por parte del Estado hacia los diversos sectores de la comunidad social, reconociendo que dichos sectores aportan de manera distinta pero igualmente valiosa a la sociedad.

2.       ¿Derechos cívicos o intereses sectoriales? Me parece importante distinguir entre la defensa de los derechos ciudadanos y la defensa de objetivos sectoriales e intereses políticos. En una sociedad democrática, todos los grupos de la sociedad civil deben respetar los derechos de otros, y exigir que sus derechos sean respetados. Sin embargo, existe la tendencia en nuestro país de restringir la ciudadanía a los intereses sectoriales, muchos de los cuales a veces colisionan con los intereses de otros grupos de la sociedad civil. Por ello, es común en el país observar a regiones enfrentadas a otras regiones, gremios contra gremios, ciudadanos contra ciudadanos. Para que la defensa de los derechos de una comunidad o un sector de la sociedad civil tenga validez ética, es necesario que no dañe al de los otros. Y no solo eso, sino que sus beneficios trasciendan al interés sectorial, y viabilicen la consolidación de una sociedad democrática. Desafortunadamente, existe una vieja tradición en la comunidad evangélica: marchar solo cuando toca defender sus derechos o lo que cree ser sus derechos. Pienso que la consigna de igualdad religiosa que ustedes promueven tiene mucho de interés sectorial y político, pero no muestra suficiente sentido ciudadano. El interés de "igualarse religiosamente" con la Iglesia Católica parece más un objetivo sectorial con cierto tufo constantiniano que una sincera lucha cívica y democrática. ¿Qué harán cuando otras confesiones religiosas también quieran "igualarse"? ¿También marcharán por defender la "igualdad religiosa" de ellos? Y si ampliamos la reflexión al resto de la sociedad civil ¿Dónde están los respetables jerarcas y pastores carismáticos en estos momentos de lucha de los nativos amazónicos por su supervivencia? ¿Dónde estuvieron los autoungidos "apóstoles" y "profetas" cuando la injusticia, la corrupción y la violencia necesitan de palabras proféticas en el sentido bíblico?¿Cómo actuarán frente a las luchas de otras colectividades como los indígenas, los otros grupos religiosos, la comunidad homosexual, las feministas, etc.?  ¿Acaso utilizarán su ganada "igualdad" para discriminar a otras colectividades que también merecen vivir en la plenitud de sus derechos? Si algo aprendemos de la lucha de los grandes líderes religiosos de las causas cívicas (Martin Luther King, Dietrich Bonhoeffer, Desmond Tutu o Abraham Kuyper) es que trascendieron de los intereses meramente sectoriales de su comunidad religiosa, para enfocarse en la defensa de los derechos de los sectores menos privilegiados de sus respectivos sociedades, sin importar si eran evangélicos o no. Aplaudo que los evangélicos-carismáticos marchen y se involucren en la vida pública del país. Pero su marcha o jornada de oración sería mucho más "cívica" si también sirviera para defender la vida y la integridad de los otros, por más diferentes que sean.

3.       Difundan lo que defienden. Entiendo que la consigna del movimiento "pro-igualdad" es la aprobación de un proyecto de ley que está en agenda en el Congreso. Creo que muy pocos conocemos claramente el mencionado proyecto. Sería interesante difundir el documento para conocer realmente los alcances de él y propiciar un debate sobre su contenido. Estoy seguro que mucho de su contenido es valioso. Pero también debe tener aspectos perfectibles. Los animo a someter dicho proyecto al debate público, no solo intra-evangélico, sino general. Por lo pronto, pienso que si el proyecto busca básicamente la obtención de beneficios y prebendas similares a las goza la Iglesia Católica, pues habría que debatir si realmente beneficiarán a la mayoría de las comunidades evangélicas, carismáticas y de otras confesiones, muchas de las cuales carecen de propiedades e incluso de personalidad jurídica.

 Además, apelo a su tolerancia y sentido cristiano, para entender que dentro de la comunidad evangélica (protestantes, pentecostales y carismáticos) es válida la divergencia y la diversidad de opiniones. Sabemos que el CONEP, cuya representatividad institucional es indiscutible, tomó la decisión de no participar en vuestra marcha (ahora jornada). Sería interesante que tomen en cuenta la larga experiencia de dicha institución en la defensa y representación de la comunidad evangélica durante más de 60 años. Seguramente pueden ponerse de acuerdo en puntos básicos.

Finalmente, en estos momentos de tensión social a raíz de los hechos que ocurren en la Amazonía, sería bueno que no solamente oraran por ello. Utilicen su fuerza social y la cercanía que tienen al gobierno para apoyar la causa indígena que es claramente justa y legítima. Los animo a que en el siguiente "Te Deum evangélico" -en el que dicho sea de paso nunca ha estado representada la mayoría de la comunidad evangélica- interpelen al gobierno, denuncien la injusticia y díganle a nuestro presidente que no desprecie a su pueblo sino que piense en su bienestar. Recordemos que el corazón de la fe cristiana está en el pleno respeto a la dignidad de toda persona humana.

 Con aprecio,

 Juan Fonseca

Ciudadano peruano y cristiano protestante

                                                                

 

                                                


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